LAS ELECCIONES
¿Has acompañado a tus padres alguna vez a votar? Un país vive en democracia cuando todas las personas mayores de edad pueden decidir quién los gobernará y quién representará sus ideas e intereses en el Parlamento. Esos representantes se llaman políticos, y se organizan en diferentes partidos políticos. Los elegimos para que gestionen los asuntos públicos. Como sería imposible poner de acuerdo a varios millones de personas sobre temas tan variados como la redacción de una ley o la decisión de cuántos hospitales hay que construir en un país, votamos a unos representantes que se encargan de hacerlo por nosotros. Ellos deben cumplir sus promesas electorales; si no lo hacen, podemos cambiarlos por otros en las siguientes elecciones: éste es el mecanismo fundamental de la democracia.
Para elegir a los representantes o políticos se convocan elecciones. Hay de diferentes tipos: generales (para elegir el presidente de un país), municipales (para elegir alcalde), regionales, etc. Pero antes, se desarrolla siempre una campaña electoral, en la que los distintos partidos exponen sus planes y tratan de convencernos para que les votemos. Suele durar dos o tres semanas. Cuando llega el día de las elecciones, todo está preparado: las urnas, que pueden ser de plástico transparente o de cartón, donde se depositan los votos, que son papeletas en cada una de las cuales aparece el nombre de uno de los partidos políticos que podemos elegir. El voto es libre y secreto; por ello, existen unas cabinas cerradas para que tomemos nuestra decisión sin que nadie nos vea, moleste o presione. Las elecciones suelen celebrarse en domingo, con el fin de que no se pierdan horas de trabajo; aunque hay países donde esa regla no se cumple, como en Estados Unidos, donde las elecciones presidenciales se celebran siempre un martes.
Al final del día de las elecciones se abren las urnas y se cuentan todos los votos. El partido que más obtiene es el ganador, y eso significa que podrá gobernar durante los siguientes cuatro años. Los demás quedan en la oposición.
Las personas que acuden a votar se llaman votantes o electores, y también se utiliza el término ciudadanos para nombrarlos. Aunque la palabra ciudadanía se aplica, de forma general, a la gente que vive en la ciudad, tiene, además, un significado muy concreto que se refiere a que todos, como personas, tenemos derechos y deberes por el solo hecho de vivir en un Estado democrático. Nadie nos puede quitar estos derechos, porque están amparados por la Constitución; esta es la garantía fundamental de la democracia. En un país democrático, la gente puede crear partidos políticos para defender sus ideas y hacer manifestaciones por la calle para expresar su protesta cuando algo no les gusta.
¿ES OBLIGATORIO VOTAR?
En los países democráticos el voto es un derecho de las personas mayores de edad, lo que en casi todas partes significa haber cumplido los dieciocho años. Que sea un derecho quiere decir que cada uno decide si vota o no; aunque en algunos países el voto es obligatorio, como en Argentina o Suiza, porque se considera que es un deber de todos los ciudadanos y nadie puede olvidarse de hacerlo. Las personas que acuden a votar pero no creen en ninguno de los partidos políticos que se presentan pueden emitir un voto en blanco, es decir, neutral.
Las mujeres no siempre han tenido los mismos derechos que los hombres en muchas cosas, y tampoco en las elecciones. El primer país que admitió el voto femenino fue Nueva Zelanda, en 1893; en España, las mujeres pudieron votar a partir de 1931; en Suiza, por ejemplo, solo votan desde 1971. El primer país latinoamericano que concedió el voto femenino fue Ecuador, en 1929. Después vendrían Brasil y Uruguay, en 1932.
LA SEPARACIÓN DE PODERES
El mayor valor de una democracia es poder elegir a los que gobiernan y tener libertad para decir lo que pensamos; pero, sobre todo, lo fundamental es que no haya abusos ni injusticias por parte de los gobernantes.
Para evitar que esto ocurra, en las democracias se produce la separación de poderes; es decir, existen tres organismos políticos diferentes, llamados poderes, que se controlan unos a otros:
DEMOCRACIA Y DICTADURA
La primera democracia existió hace 2.500 años en Atenas, la ciudad más próspera de la antigua Grecia; pero en ella solo podían votar los hombres ricos, es decir, no votaban ni las mujeres ni los pobres ni los esclavos.
Hace tan solo 300 años que la democracia empezó a extenderse por el mundo. Primero llegó a Inglaterra; después, a Francia y a Estados Unidos de América, y posteriormente, a muchos más países. En América Latina la democracia empezó a llegar en el siglo XIX, cuando los países se independizaron de sus colonizadores.
Lo contrario de una democracia es una dictadura, que consiste en que una persona gobierna un país sin haber sido elegida entre todos; es decir, llega al poder por la fuerza. En este sistema político no está permitido criticar al Gobierno, y mucho menos salir a la calle a protestar, y si lo haces, pueden meterte en la cárcel. El que manda en una dictadura se llama dictador. Suele hacerse con el poder cuando él mismo o un militar da un golpe de Estado, que consiste en expulsar por la fuerza de las armas a los que gobiernan democráticamente.
En España, por ejemplo, hubo una larga dictadura desde 1939 hasta 1975, con el general Franco. En América Latina fueron muy habituales durante el siglo XX: Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay o Chile, entre otros, vivieron largas y sangrientas dictaduras con muchos miles de muertos y desaparecidos. También el resto de Europa conoció dictadores en algún momento del siglo XX: Stalin en Rusia, Mussolini en Italia, Hitler en Alemania… En las últimas décadas cada vez más países se han dado cuenta de que se vive mejor en una democracia, y el número de sistemas dictatoriales que aún existen en el mundo va disminuyendo poco a poco.